22 años con dolor a diario: “Te destroza la vida”

Laura QueijeiroA Coruña

  • El 17 de octubre se celebra el Día Mundial contra el dolor. A Emilia le diagnosticaron fibromialgia con 45 años y, desde entonces, convive con él diariamente
  • Trabajaba como fotógrafa, pero tuvo que dejar su profesión: todo se le caía de las manos y, en los peores brotes, no podía levantarse de la cama
  • En los últimos años su calidad de vida ha mejorado gracias a una terapia manual que consigue regenerar sus músculos y aliviarle el dolor

Le encanta leer. Pero a veces no es capaz de sujetar un libro. Le encanta sacar fotos. Pero con frecuencia no puede pulsar el disparador. Le encanta pasear con su marido y disfrutar de sus nietos. Pero no siempre consigue levantarse de la cama y salir de casa. Así es la vida de Emilia. Tiene 67 años y desde hace 22 años sufre fibromialgia. También, desde entonces, no sabe lo que es vivir sin dolor.

Su relato es desgarrador. Todo empezó cuando Emilia cumplió los 40. Comenzó a notar fatiga. Siempre estaba agotada. “No podía decir dónde me dolía. Era algo generalizado, como si tuviera una gripe”, explica. Pero, poco a poco, esos dolores se fueron localizando y, también, aumentando de intensidad. Un día le dolía la rodilla. Otro, la muñeca. Al siguiente, los dedos de las manos. Trabajaba como fotógrafa. Pero llegó un momento en que tuvo que dejarlo. Todo lo que sujetaba se le caía de las manos.¿Cómo te van a doler las uñas? ¡No puede ser, son células muertas!”

Emilia siempre fue muy activa. Una persona apasionada de su trabajo y de las artes en general. Devoraba libros. Disfrutaba de su familia. Pero un día no pudo levantarse de la cama. No era capaz de ponerse de pie. “Llegué a tocar el suelo para comprobar si había cristales. Era una sensación terrible, como si diminutos cristales se incrustasen en la planta de mis pies”, relata Emilia.

Recorrer los cuatro metros que separan su cama del servicio le suponía un gran sufrimiento. “Llegué a ir al baño a gatas”, confiesa. Le dolía cepillarse el pelo, aunque no tuviera nudos en su melena. También las yemas de los dedos al pasar la página de un libro. Hasta las uñas. “¿Cómo te van a doler las uñas? ¡No puede ser, son células muertas!, me decía mi marido”.Te ataca cada día donde le da la gana. Es una enfermedad muy caprichosa. Va y viene”

No sabía qué era lo que le ocurría. Por qué su cuerpo se revelaba de esa manera contra ella. No había analgésico que la calmase. No dormía. Ni acostada se encontraba bien. Llegó a llenar toda la casa de cojines, pensando que así amortiguaría el dolor. “No había manera de dejar de sentirlo”, asegura. Al principio, su entorno y los médicos pensaron que estaba sufriendo una depresión. “Tenía la sensación de que nadie creía en mi dolor. Me mandaron al psiquiatra. Y yo pensaba… Si me mandan al psiquiatra, ¿me estaré volviendo loca?”, explica.

Cinco años después de que el dolor se convirtiese en su compañero de vida y tras pasar por diversos especialistas, un reumatólogo le diagnosticó fibromialgia. Tenía 45 años, dos hijos y mucho por hacer. “Una cosa así te destroza la vida porque es verdaderamente incapacitante. Trabajar es imposible. Pero también te destruye socialmente porque no puedes quedar de un día para otro con alguien. Igual quedas y, después, no puedes moverte. Es algo que no le deseas ni a tu peor enemigo”, asegura.

Emilia se somete desde hace tres años a una terapia que le ha mitigado el dolor

Desde entonces vive el día a día. No planifica. “Te ataca cada día donde le da la gana. Es una enfermedad muy caprichosa, va y viene”, dice Emilia.Si puedo levantarme de la cama sin apoyarme en los muebles, sé que voy a tener un buen día”

Ha aprendido a convivir con su enemigo. Tiene un soporte familiar fuerte y cariñoso que la ayuda. Se anima a sí misma cuando el único paseo que puede dar es de la cama al sofá y exprime la vida al máximo cuando, nada más despertarse, puede poner los pies en el suelo. “Si logro levantarme sin apoyarme en los muebles, sé que voy a tener un buen día”, asegura.

Desde hace tres años, su calidad vida ha mejorado. Los brotes han disminuido. Además, ha dado con una terapia que le hace sentirse mejor, tanto física como emocionalmente. Una técnica manual llamada lemeterapia que consigue regenerar el músculo en afectados de fibromialgia. “Ahora, al menos, he conseguido que no se me caigan las cosas de las manos. Para mí esto ha sido un antes y un después”.

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